Lo que hasta hace un par de años parecía una situación exclusiva del fútbol de ascenso -partidos que se definían por cobros arbitrales que al menos eran muy discutibles-, ahora llegó al fútbol nacional. Se hace con tanta impunidad que ya nada sorprende y nadie se anima a vaticinar dónde va a terminar.
Hoy, en Santiago del Estero -la capital del fútbol argentino desde el arribo de Pablo Toviggino al poder del fútbol nacional-, Estudiantes de La Plata y Rosario Central protagonizaron la final buscando coronarse en la Supercopa Internacional, título que finalmente quedó en poder de los rosarinos al ganar por 3 a 1. ¿Cómo terminó todo? A las piñas y con un equipo platense que se sintió alevosamente perjudicado por el árbitro Darío Herrera y el hombre encargado del VAR, Jorge Baliño.
Desde el club presidido por Juan Sebastián Verón -uno de los señalados por el poder del fútbol argentino tras elevar algunas protestas- criticaron tres jugadas clave:
- El penal cobrado a Central: la supuesta falta de Leandro González Pirez a Enzo Copetti que Herrera inicialmente no cobró, pero que sancionó tras ser llamado al VAR por Baliño.
- La no expulsión en Central: una falta merecedora de segunda amarilla cometida sobre un jugador albirrojo. El infractor ya estaba amonestado y debía irse expulsado, pero el bueno de don Darío —esta puntualmente es toda de él— cobró la infracción y guardó el cartón.
- La mano no revisada: una supuesta mano de Ignacio Ovando tras un cabezazo de Adolfo Gaich sobre el final del partido, que el árbitro no vio y desde el VAR tampoco lo llamaron. La pelota dio en la mano y después habrá que ver la situación en la que se produjo, pero al menos te tienen que llamar para revisarla. Tan dudosa habrá sido que hasta Juan Pablo Varsky criticó la actuación de la dupla en esa jugada puntual.
En realidad, es difícil aseverar que Herrera y Baliño -cada uno desde el lugar que le corresponde- erraron en las tres decisiones, pero seguro lo hicieron en dos, y la tercera es para charlarla un rato largo.
Lamentablemente, todas estas situaciones, sumadas al manto de sospecha que cae sobre algunos equipos que para el común del hincha en la actualidad se verían beneficiados por la casa madre del fútbol argentino y parte de los árbitros -Central, Barracas Central, Boca Juniors y un poquito menos, Riestra-, no hacen más que ir matando la pasión de los argentinos por el deporte que más los identifica: el fútbol.
Después, los hinchas «chacareros» se enojan cuando los perjudican en un partido del Nacional B, Federal o Torneo Regional Amateur; y la verdad es que, viendo lo que pasa en Primera División y con VAR incluido, habría que decirles que no sufran más e intenten disfrutar cuando al menos los dejan competir en igualdad de condiciones.



