Comencé a trabajar en el periodismo en el año 1993 y desde ese momento hasta ahora he tomado contacto o cubierto gran parte de las noticias que se produjeron o hechos que ocurrieron en nuestro querido Ramallo. De los buenos, los no tan buenos y otros que lamentablemente no han llevado a estar en los medios de alcance nacional e internacional por ser escenario de alguna tragedia o desgracias: Muerte de Carlos Menem Juniors y Masacre del banco Nación, entre otros.
Y muchas de las noticias que cubrí, no se precisar cuántas, tuvieron como protagonista o se produjeron en el hospital Gomendio. Un lugar que a lo largo de su historia ha sido utilizado como botín de guerra por las diferentes oposiciones al gobierno de turno de cada momento o recibiendo feroces críticas, a veces mal intencionadas por situaciones que son muy difíciles de prever o de impedir.
Una cosa es la critica constructiva y de la persona que realmente ha pasado algún mal momento por alguien que lo atendió mal o por no haber encontrado la respuesta que necesitaba o esperaba, pero totalmente distinta es la critica indiscriminada o despiadada porque es fácil pegarle al único efector de salud.
En Ramallo no tenemos hospitales provinciales y no tenemos curros con empresas privadas de salud -por eso hay algunos actores políticos-médicos que quieren hacer del hospital Gomendio un mix de atención pública-privada-, pero tenemos un hospital municipal que, con defectos, pero muchas virtudes, atiende primariamente al 100% de su comunidad.
Tengamos obra social o no la tengamos, todos caemos en algún momento al Gomendio.
El domingo por la madrugada el hospital Gomendio y su personal demostró que está a la altura de las circunstancias atendiendo a más de 30 personas que llegaron caso al mismo tiempo por un cuadro de intoxicación para ser atendidos. Lo hicieron, todos se recuperaron convenientemente y pudieron irse a sus casas.
Esto marca que no estamos tan mal como alguno nos quieren hacer ver. ¿Qué falta mucho? Olvídate, es así y no sé sí alguna vez vamos a tener todo lo que los ramallenses nos merecemos. Pero empecemos a cuidarlo un poquito más entre todos y sobre todo la clase política toda.








