Juan Angel Martínez se manifestó sobre la denuncia en su contra por un supuesto Abuso Sexual Simple

(Fotografía facebook Juan Angel Martínez)

A principios de esta semana se conoció una noticia que conmovió a Ramallo y todas las localidades donde tiene presencia el reconocido Ballet Horizonte: denunciaron a su director, Juan Ángel Martínez, por un presunto hecho de abuso sexual simple contra una alumna.

La novedad generó un fuerte impacto social, tanto por la gravedad de la acusación como por la notoriedad de la figura presuntamente involucrada.

La denuncia fue radicada a principios del mes de julio ante la auxiliar letrada de la Secretaría de Violencia de Género y Familiar, Manuela Ballesteros, quien dispuso como primera medida una restricción de acercamiento no menor a 250 metros hacia la víctima.

Los padres de la menor, de 15 años de edad, denunciaron que los episodios habrían ocurrido durante las actividades que la adolescente realizaba en la sede del ballet en Conesa. Según trascendió, la joven les contó a sus progenitores sobre las supuestas conductas inapropiadas del profesor, tras lo cual la familia decidió acudir a la justicia.

A todo esto, el denunciado hizo pública su postura sobre la denuncia mediante un comunicado de prensa.

En el inicio del texto, Martínez expresó que era el momento de dar la cara por la situación que está atravesando y esperar que la justicia actúe: “En los últimos días se publicaron y difundieron noticias, comentarios y mensajes relacionados con una investigación judicial en curso que me involucra. Frente a esa exposición, siento que corresponde dar la cara, hablar con claridad y defender algo que para mí tiene un enorme valor: mi nombre, mi historia, mi familia y toda una vida de trabajo. Respeto profundamente que la Justicia investigue. Es allí donde deben esclarecerse los hechos, analizarse las pruebas y escucharse a todas las partes”.

Posteriormente, remarcó la diferencia entre el proceso legal y la repercusión pública:

“Hoy existe una investigación, no una condena. No existe una sentencia que haya determinado responsabilidad penal alguna en mi contra y esa diferencia no es menor. Una denuncia debe investigarse. Una noticia debe informar. Una red social permite opinar, pero ninguna de esas cosas reemplaza a la Justicia. Un titular no es una sentencia, un comentario no es una prueba y una acusación no se convierte en verdad por repetirse cientos de veces.

Durante décadas dediqué mi vida a la danza, a la enseñanza y a acompañar a generaciones de alumnos. Muchísimas familias me abrieron las puertas de sus vidas y confiaron en mi trabajo. Compartimos clases, ensayos, viajes, festivales, alegrías, frustraciones, crecimiento y años enteros de historias. Por eso duele profundamente que toda una trayectoria pueda quedar reducida, de un momento a otro, a un título o a una publicación. Una vida no puede resumirse en una noticia. Una trayectoria no puede borrarse en unas horas. Y una persona no puede ser condenada socialmente antes de ser juzgada.

No pretendo convencer a nadie a través de estas palabras. No les pido que tomen partido. Solo pido algo que considero justo para cualquier persona: que no se dicte una condena antes de conocer toda la verdad. Voy a ejercer plenamente mi derecho a ser escuchado, a defender mi nombre, a aportar las pruebas que correspondan y a responder, dentro del proceso judicial, todo aquello que deba ser respondido. Confío en que la Justicia hará su trabajo. Y por eso también pido que se le permita hacerlo.

Que se investigue, que se produzca toda la prueba, se escuche a todas las partes y que las conclusiones surjan del expediente y no de una publicación. Que ninguna red social reemplace a un juez y que ningún comentario reemplace a la prueba. Respetar la presunción de inocencia no significa negar una denuncia ni impedir que sea investigada. Significa algo mucho más sencillo y fundamental: que nadie debe ser considerado culpable antes de que la Justicia lo determine.

A mis alumnos, exalumnos, familias, amigos, colegas y a todas las personas que me conocen desde hace años, quiero agradecerles profundamente cada mensaje, cada gesto de afecto y cada palabra de acompañamiento que recibí en estos días.

También pienso especialmente en mi familia, que atraviesa conmigo las consecuencias de una exposición que no queda limitada a una noticia, sino que ingresa en nuestra vida cotidiana, en nuestros vínculos y en nuestros afectos. Seguiré afrontando esta situación con respeto, serenidad y confianza en que habrá un ámbito donde pueda ser escuchado y donde la verdad se determine mediante pruebas.

Pido respeto. Pido prudencia. Pido que se permita actuar a la Justicia. Y, sobre todo, pido que detrás de cada publicación, cada comentario y cada acusación se recuerde que hay una persona, una familia y una historia de vida”.

 

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