La muerte de Esteban “Cacho” Nadal conmovió a quienes lo conocíamos, a sus vecinos, pero también en diferentes lugares a la redonda para quienes “Lo de Cacho” -el primer local gastronómico que tuvo la costa ramallense-, era un lugar de encuentro y de visita permanente de personas que viven en San Nicolás, Pergamino, San Pedro y tantos otros lugares.
Che, ¿fuiste a comer a “Lo Cacho” ?, era la pregunta más recurrente que escuchaba cada vez que iba a San Nicolás a transmitir un partido de básquet, a la redacción de EL NORTE o a compartir algo con amigos. Y la respuesta era si, voy a comer a lo de “Cacho”. Desde el 2003 y hasta que él le vendió el lugar a “Nito” Yawosky -otro gran gastronómico y amigo-, era común pasar los mediodías con mi amigo Leonardo Mirenda – compañero por esos días en Ramallo Hoy, que en la actualidad es Somos Noticias Ramallo-, a comer y a hablar con “Cacho”.
El, mientras pispeaba que todo esté en orden en la mesa que ocupaba cada comensal, se sentaba con nosotros y hablamos del turismo que se venía en Ramallo -el siempre apostaba a un Ramallo turístico-, del río, de la gente que recibía, Mar del Plata, el casino y de muchos temas más.
Era un plan repetido, pero que nunca aburría, porque siempre teníamos algo nuevo para Hablar.
Durante mucho tiempo, “Lo de Cacho” debe haber sido el lugar que más gente le aportó al turismo local -más de 500 personas llegaron a almorzar algún domingo allí-, y sus empanadas eran reconocidas a cientos de kilómetros a la redonda.
Pasó el tiempo, se lo vendió a “Nito”, y se fue a la isla, al frente de la costa de Ramallo. La gente también lo siguió ahí, pero ese emprendimiento duró menos tiempo.
Durante unos años se dedicó a descansar, “son muchos años y te cansa”, te respondía cuando le preguntabas si iba a abrir algún local nuevo.
Después nuestros encuentros eran en alguna calle de Ramallo o tomando un café en algún lugar, y siempre con el mismo cariño.
Más acá en el tiempo era un gusto ir a comer a “Lo Copete”, porque él te recibía -ya se sentaba con vos a hablar un rato-, después venía Fernando, el verdadero “Copete”, y era como estar en familia y comiendo rico.
Fui viendo su deterioro, de a poquito ya no era el mismo “Cacho”, hasta llegar a este final de sus días, el último viernes.
Me quedan las notas que le hice para hablar del turismo, la altura del río, la creciente, la apertura de temporada o alguna inauguración que hacía en su propio negocio o en “Lo Copete”, “deja que Hable Cacho”, decía Fernando para zafar la situación.
Se te va a extrañar querido “Cacho”. Un abrazo grande al cielo, un beso a otro gastronómico de ley como “Vitoto” -decíle que también se lo extraña y seguro ya deben estar pensando en poner alguna parrilla juntos por allá arriba- y a tantos otros que nos han ganado en la partida y ya no los tenemos a nuestro lado.
Un beso grande a tu familia y que encuentren paz ante tu partida.



