El ambiente en el «Salomón Boeseldín» estuvo muy caldeado desde las expulsiones y terminó de explotar al final del partido: Diego Bordi y otros integrantes de la delegación tucura se querían comer crudo al árbitro Fabricio Estevano, a quien acusan de haberlos perjudicado abiertamente en el clásico.
Los reclamos puntuales fueron las dos expulsiones, pero más allá de eso, en Los Andes creen que Estevano tiene una marcada antipatía con ellos -sobre todo con el DT Diego Bordi- y sostienen que ya los ha perjudicado en otros encuentros.
Desde Los Andes sostiene que tanto la conducción de la Liga como el Colegio de Arbitros saben de esta situación, por eso se mostraron muy contrariados con la decisión de designarlo para un partido de esta trascendencia. “Sabíamos que podía pasar algo así, porque este tipo no nos quiere y no nos tiene que dirigir más”, era un poco el discurso de la delegación visitante.
Jugada por jugada, periodísticamente hay que decir que el juez principal acertó en la expulsión de Servín (tenía amarilla desde los 10’ por tomar de la camiseta a un rival -en ese momento hasta podría haber sido expulsado por aplaudir socarronamente la decisión del árbitro- y luego se colgó del alambrado al convertir el segundo de su equipo). En el caso de Rosa, quien fue de manera temeraria a disputar una pelota dividida con Montivero, llegó una décima de segundo tarde y lo tocó; su rival aprovechó para dejarlo expuesto -primero parecía que lo había lesionado, pero se levantó y por sugerencia de un compañero se volvió a tirar para inducir al juez a la tarjeta roja- y el árbitro lo expulsó. ¿Podría haberlo resuelto con una amarilla? Tal vez, pero la roja no fue descabellada.
Uno de los reclamos que le hicieron fue lo ocurrido en el gol de Gorosito -con el que el partido se puso 1-1-, cuando Montivero hizo exactamente lo mismo que Servín y Díaz: se colgó del alambrado, pero en esa oportunidad ni el juez principal ni sus asistentes tomaron las medidas reglamentarias correspondientes. Colegas que los consultaron en los vestuarios nos daban cuenta de que los colegiados aseguraron no haber visto la situación.
Pero este problema viene desde antes y Los Andes entró nervioso a la cancha. Más allá de haber sido muy superior a Defensores en al menos los primeros 35 minutos del partido, desde afuera se notaba esa tensión -ya a los 3’ Ponce de León fue amonestado por protestar-, y con todo lo que pasó después, la situación se desmadró.
Si a la hora de hacer las designaciones se hubiese tenido en cuenta estos antecedentes de Stebano con Los Andes, esto no habría pasado y el partido habría transitado con normalidad. Ojo, no por Los Andes, sino para cuidar al propio hombre de negro y prevenir el bochornoso final que empañó una gran fiesta, que terminó con muchos policías en la cancha para resguardar la integridad física del hombre de «Celeste».



