¡Testigo de una lamentable tragedia! A 27 años de la Masacre del Banco Nación de Villa Ramallo (* Por Raúl Urbina)

(Fotografía Diario Clarín)

Hoy se cumplen 27 años del día en que Ramallo fue tendencia a nivel nacional por la Masacre del Banco Nación. Los grandes medios periodísticos del país estaban en Ramallo —por esos días la información se encontraba exclusivamente en la televisión, la radio y los diarios—, porque era la noticia del momento y, por su desenlace, lo siguió siendo durante mucho tiempo más.

Por aquellos días, yo era el corresponsal del Diario EL NORTE en Ramallo y llevé adelante la cobertura junto a los recordados Luis Eduardo Dabove y Rodolfo “Fito” Álvarez, periodista y fotógrafo de gran trayectoria, hoy ya fallecidos.

La toma de rehenes comenzó en horas de la mañana del día anterior y tuvo su trágico final cuando ya sumaban más de 20 horas de tensión.

Todo comenzó apenas pasadas las 7:30 de la mañana, cuando arribaron a la entidad bancaria Fernando Vílchez, empleado de la empresa Correo Argentino que traía la correspondencia, y Diego Serra, empleado de Cablevisión, cuya oficina daba de frente a una salida secundaria del Banco que utilizaba el personal para ingresar o salir. En ese momento fueron sorprendidos por los delincuentes y, cuando el gerente Carlos Chávez les abrió la puerta, lo empujaron e ingresaron por la fuerza. Adentro ya se encontraban Flora Lacave -esposa de Chávez-, el tesorero Carlos Santillán y Ricardo Pascuali, otro empleado de la institución.

El momento en que Vílchez y Serra fueron obligados a ingresar al edificio fue observado por una empleada de la empresa de cable, quien rápidamente dio aviso a la Policía. En ese instante comenzó a frustrarse el robo al banco, porque arribaron raudamente al lugar los efectivos de la Comisaría y frutaron una posible fuga. Pero, al mismo tiempo, fue el comienzo la tragedia.

Durante todo el día, “Pablo”, el mediador perteneciente al Grupo Halcón, negoció con los delincuentes para que se entregaran o al menos liberaran a los rehenes. Las horas fueron pasando, el ambiente se tornó cada vez más tenso y daba la impresión de que la situación no terminaría bien. Ya entrada la noche, los delincuentes dejaron salir a Serra, Vílchez y Pascuali, pero el paso del tiempo los iba tornando aún más violentos.

En plena madrugada del 17 de septiembre de 1999, y mientras continuaban las negociaciones para evitar el peor desenlace, los ladrones cargaron en un Volkswagen Polo a Chávez, a su esposa Flora Lacave y al contador Carlos Santillán. Querían escapar usándolos como escudos humanos en medio de la oscuridad. Luego de que el auto transitara unos 50 metros por la calle Sarmiento, se escuchó un disparo y, a partir de ese momento, una feroz balacera resonó a varias cuadras a la redonda. El auto terminó estrellado contra un árbol ubicado a metros del cruce de esta arteria con Ginocchio.

De golpe cesaron los tiros y el silencio se apoderó de la madrugada aún oscura. Unos 30 segundos después se escuchó un último disparo -nunca se supo ni se sabrá a quién estuvo dirigido- y todos corrieron hacia el VW Polo. Dentro del habitáculo yacían sin vida Chávez, Santillán y Javier Hernández, uno de los delincuentes.

Con vida, pero heridos, estaban Flora Lacave y Carlos Martínez, otro de los asaltantes. Salió ileso Martín “Tito” Saldaña, quien horas después apareció “ahorcado” en los calabozos de la Comisaría Segunda de Villa Ramallo.

La Masacre del Banco Nación fue un hecho policial que mantuvo en vilo a un país y que terminó de la peor manera.

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