¡Una cuestión de fe! Un grupo de Ramallenses entre los miles de peregrinos en honor al Señor y la Virgen de los Milagros en Salta

(Fuente de la historia TN)

El próximo 15 de septiembre la comunidad católica de Salta vivirá una de las fiestas religiosas más importantes del país: el Día del Señor y de la Virgen del Milagro. Miles de personas salen en peregrinación desde diferentes puntos de esa provincia y también de Jujuy para rendir su homenaje y participar de la procesión final que se vive por las calles de la capital.

A estos fieles -muchos de los cuales caminan durante semanas para llegar a la Catedral donde se encuentran las imágenes de los santos venerados- se les sumaron un grupo de ramallenses que también quiso demostrar su devoción.

Algunos de ellos comenzaron a caminar en la Quebrada del Toro y otros se sumaron en San Antonio de los Cobres para llegar a Salta pasado el mediodía del lunes, según le contaba en las últimas horas a SNR HOY Gabriela Motta, una de las integrantes del grupo.

Su historia

En la génesis de la devoción hay una historia apasionante, transmitida de generación en generación entre los creyentes. Cuenta que todo comenzó el 15 de septiembre de 1692. El terremoto que había hecho desaparecer la cercana ciudad de Esteco avanzaba inconteniblemente en su quinto día para destruir también a Salta. La capital de la provincia necesitaba un milagro.

En la iglesia matriz, una imagen de Cristo permanecía arrumbada, semioculta como estuvo durante un siglo desde que llegó de Europa. Cerca, una estatua de la Pura y Limpia Virgen María recién traída al templo, caía dañada por los primeros temblores, pero conservando intactos las manos y el rostro, que de pronto empezaba a cambiar de color.

La tradición refiere que un sacerdote, José Carrión, escuchó una voz celestial:

-Si sacan las imágenes en procesión, Salta se va a salvar.

Movidos por el entusiasmo de la desesperación entre todos cargaron las figuras sagradas, las llevaron en andas por las calles contiguas y el terremoto cesó. El milagro se había consumado y Salta quedó indemne. Los fieles sellaron un pacto de fe con Cristo y su Madre, que se consolidó cuando las oraciones y la procesión ritual preservaron nuevamente a la ciudad en otros tres terremotos, en 1844, 1948 y 2010.

Desde aquel entonces se renueva anualmente la procesión que parte de la Catedral y fue creciendo en número hasta convertirse en multitudinaria en el presente. Pero es recién desde hace algunas décadas que la creencia, que escaló miles de metros hasta los cerros, valles y quebradas de la Puna salteña, vuelve en torrentes humanos de fe que suman sacrificio y colorido al acontecimiento.

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